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miércoles, 5 de septiembre de 2007

El de la barra....

Muchas ideas salían de mi cabeza, pero no sabía que poner en la maldita hoja. Como siempre cruce al bar, sabía que ahí habría alguien con quien distraer mis ideas, no se porque el fantasma se hacía presente cada vez que quería escribir.
Al entrar sentí el ahogo, el maldito cigarro una vez más llenaba de humo el ambiente, he de reconocer que eso era lo que me gustaba, hacía frío, nada que un buen agua ardiente no solucionara. El hedor que había adentro me gustaba, entre las faenas, el cigarro, el olor a alcohol y los perfumes baratos, hacían de este bar algo muy especial. El jazz golpeaba a mis oídos como los pájaros al amanecer.

Entre en él buscando respuestas que no encontraría.Al fondo de la barra, nuevamente el extraño sujeto maldecía como siempre a cuanto cristiano se le cruzara en el camino, siempre vestido de cuero negro, desarreglado, y con esa barba oscura y a medio cortar..... no había mucho lugar donde sentarse, era tarde, la media noche ya había pasado a la historia, sólo un lugar, al lado del extraño sujeto, que ya batido por el alcohol y en estado semi inconciente, seguía balbuceando maldiciones...

le pregunté al hombre del bar quién era y respondió.....:

- Nadie sabe su nombre, llegó hace algunas semanas a vivir al caserón, cerca de los gitanos, en la calle Arturo Prat...que se va a servir....
- lo de siempre.... haaa, la casa de los Belmar....
- si, esa.... lo conoce?
-no, porqué?
- lleva días tomando....deja diez mil y pide que le sirvan hasta que se acabe.....

El sujeto repetía una y otra vez un extraño nombre.... balbuceaba... era de una mujer y algo de la gitana...para luego decir.... "Malditos Gitanos"..... esa es mi casa....esa....
El Ron brotaba por sus poros, y de vez en vez, imitaba el sonido de la trompeta con su boca, escupiendo sobre el mesón... el aire se hacía aún más pesado a su alrrededor....las risas de los porteños golpeaban el ambiente, haciendo despertar al sujeto y maldecir una vez más.... Al fondo del bar las prostitutas se dejaban acariciar por los marinos y pescadores, el olor se hacía insoportable, el humo se pegaba en la ropa, ese olor que llevaba a mi habitación noche a noche.
Encendí el último cigarrillo, dejé el paquete en la barra, al descuidarme, el embriagado vecino tiró sus manos sin preguntar, quiso hablar, de hecho dijo muchas cosas, pero entre la borrachera y el sonido de la vitrola, solo escuche algo de un incendio en el barrio antiguo del puerto, y que si lo quería ver...no aguantaba más, invadía mi metro cuadrado, cada palabra olía a cigarrillos y ron... me levanté de la barra y salí a respirar afuera, pero el olor de la faena tampoco era agradable, volví para pagar y ya no estaba, salí para ver donde se dirigía.... pero lo perdí ... sólo escuchaba sus maldiciones a lo lejos, la neblina que caía a esa hora ya no dejaba ver, además los lentes estaban empañados por el calor que había adentro del bar y el frío de la noche porteña... me puse el sombrero y me alejé para mirar la bahía desde el mirador... hacía frío... la bocina de la faena anunciaba el cambio de turno, y se escuchaba el chirrear del último tranvía, el piloto anunciaba que se iba a guardar...


-Último treeeennnnnnnnnnnnnnnnn........... nos vamos a la duuuuurma..-


y la curiosa bocina se enredaba con la bocina de la faena hasta ahogarse las dos......