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lunes, 3 de septiembre de 2007

El Gato Viudo.


Al final de la calle había un cabaret, " El gato Viudo", ahí solía pasar las noches frías cuando la excitación me sobrepasaba.Me acuerdo de haber contado una y otra vez los adoquines que separaban mi departamento del cabaret, 780 adoquines separaban la soledad del placer, al entrar todo era distinto. El mundo se iluminaba, las sensaciones se agolpaban en mi cabeza, y mis manos acariciaban las más bellas y cuidadas pieles.

La Marjorie, la Vanessa, la Penelope.... todas ellas formaban el ramo de flores más afrodisiaco que podría desear un hombre, ellas inspiraban muchas de mis historias. Los finos corsé, las medias caladas y el aroma a tabaco, hacían respirar mis memorias... los dulces y abultados escotes me hacían renacer entre perlas y perfumes.
Así ahogaba la noche, hasta que la inspiración brotaba en mi cabeza. Luego corría para escribir en la vieja royal.

Me gustaba la Vanessa, siempre sensual y dispuesta. Sus atavíos de seda y encaje, seducían mis manos, las hacían transpirar. Estas, mojadas por el calor de los focos, se acercaban hasta rozar su piel, era como la textura de la loza, suave y fría... el perfume que salía de sus senos, mojaba mis pensamientos, los que luego de unos minutos con ella, incitaban a gastar unos pesos para rozar y oler su piel.
Exquisita bondad, ardiente lujuria, seda azul y encajes rosa... labios rojo carmesí, los que en el cuello de mi camisa acusaban mi irracional mundo de inspiración.
Vanessa era una colombiana que decía ser de Madrid, pues España le daba categoría al ruinoso burdel. Como divagaban mis dedos por la linea de sus pechos guardando el aroma a perfume francés que acompañaba mis noches de insomnio.... todo era glamour en mi calle de brillosos adoquines.

Noche de LLuvia

Cerré el paraguas y deje que la lluvia me mojara, podía sentir el agua entrar por la suela de mis zapatos, y fui entregándome a lo que quisieran decirme los Adoquines, los mismos que me vieron crecer, los que había pisado tantas veces como horas de existencia tengo.
Hace mucho frío, el abrigo largo envuelve mi cuerpo, el viejo sombrero cubre mi cabeza, cada paso que doy es acompañado por el sonido de las llaves en mi bolsillo, el humo del cigarrillo es traspasado por la luz tenue, dando un aire de soledad, el frió se hace más intenso, el sonido de los tacos de alguna mujer solitaria me persigue, puedo sentir su miedo, el olor lo trae el frío viento que sopla sin medir su temperatura.
A lo lejos, el letrero del viejo bar se refleja en los mojados adoquines, intento recordar, pero el frío no me deja, ni el nerviosos y apurado taconeo de la mujer. Volteo para mirarla, los pasos se detienen, y la silueta del vestido mojado de la mujer, y la transparencia de su corta enagua se dibuja a trasluz. Ella se detiene y mira, el silencio se apodera de la calle, un ligero gemido se escapa de sus labios.
Me acerco a ella y le pregunto porque me sigue, ella guarda silencio, y mordiendo los labios gime entre silbidos.
- Que frío, ¿ me convida un cigarrillo?....

Sus labios de fuerte carmesí brillan a luz de la noche, sus senos se dibujan tras el género mojado, su escote deja escapar su sensualidad.... sus ojos parecen cerrarse al chocar el humo del cigarrillo que le acabo de encender. Por la voluptuosidad de su escote, el agua se escabulle hasta perderse entre sus senos, su vientre tiembla, el agua baja hasta escapar por sus piernas, mientras algunas gotas quedan prendidas de sus medias.
Sin decir palabra, volteo y sigo chapoteando mi camino, entre los adoquines mojados. A lo lejos escucho su voz...

- Gracias... ¿ Cual es tu nombre?

Dejo que la lluvia cubra el sonido de sus palabras, al acercarme al bar, una bocanada de humo , me invita a entrar.

- ¿ que toma el señor?

- Agua ardiente- necesito matar el frío, el miedo y la excitación....